martes, 2 de junio de 2009

Yo Solo. Sólo te mentiré hoy…

…pero me dijiste que todo era verdad.

Mentí.

Y todo se vuelve mentira. El amor prometido en viejas palabras se desvanece con el olvido, la juventud de los hombres desaparece en su memoria, la vida troca en muerte, todo,  la mentira constante, de cada día, eterna.

Pues lo que ayer fue verdad ahora es mentira. Y lo que hoy es una falacia mañana te golpea como verdad, el tiempo no pasa en vano y el cambio no es otra cosa que un pariente cercano de la mentira, ¡peor! El cambio es mentira.

A saber de lo dicho, la mentira es cambio, pues palabras dichas ayer ahora ya mudas ceden a nuevas verdades, que no las primeras y que no necesariamente parecidas; la mentira  o el cambio niegan conocimiento, niegan compromisos, niegan amores y odios… El tiempo es padre del cambio. La razón humana es madre de las mentiras.

Padres desventurados. Eternos y crueles. La razón se ayuda de la memoria, y aquello que recordamos de ayer nos hace negar lo que ahora es… Sino recordáramos no habría mentiras, pues todo lo visto sería nuevo y hermoso, verídico y real, nada de ilusiones anteriores, nada de prejuicios y conocimientos anteriores. La juventud sería eterna.

La mentira es devenir. Ayer no fui lo que soy ahora y decir que yo fui ayer sería mentir, ayer fui otro y mañana seré otro, nunca más el mismo, siempre distinto, Mi cuerpo quizá parecido pero no el mismo. Mi razón me hace mentir. No he sido yo siempre, he sido otros, ha sido otro, y yo no moriré morirá otro… Moriré esta noche, y ¡Oh, maldita memoria! Recordaré que fui otro, quizá mejor, y que ya nunca seré ese que ya no es.

La mentira no es sino una idea, un juicio que le hacemos al devenir del universo, es nuestra negación al cambio. El cambio no es mentira, es constante, terrible…La mentira es sólo nuestra miserable mano queriendo rasguñar  lo eterno.

lunes, 4 de mayo de 2009

hablemos…

“Ni mucho menos me quiero sentir el denunciador de los tiempos modernos”

Pensar en lo “sinsentido” de la existencia", de lo finito de la vida humana, de los límites del conocimiento, del Dios muerto y el colapso de la sociedad como la conocemos me parece sumamente molesto. Lloriqueos de infantes que no quieren crecer.

Yo pienso sobre otras cosas. Más fuertes. Menos obvias. Más visibles.

Hablemos pues, de lo insoportable,  hablemos de la nada convertida en vida.

De la vida monótona del hombre, de algunos, que no de todos, de la vida que sigue sin incertidumbres,  del hombre resuelto con los grandes temas, del hombre que ni Dios ni el futuro le importa. Del cínico más cínico. Hablemos, pensemos en infiernos grandes y tormentosos y no de las pequeñas llamas del miedo.

Hablemos de infiernos regalados por las horas que pasan, de santos crucificados y demonios beatificados en los retorcidos huecos de una conciencia que se vacía poco a poco. Pensemos en grotescas formas, en quimeras idealistas, en bochornosos actos, en tristes visiones. Pensemos en el hombre atediado.

Atediado por el tiempo y por la falta de preguntas, quizá por la sobra de respuestas. Su infierno es eterno como sus horas, su pena es precisa como su juicio, su tormento es angustioso como sus ojos… Aquí no cabe el miedo, no tiene que ser, no puede ser… No se teme lo que se conoce, y todo se conoce, se sabe de Dios y del Hombre, de la muerte que tarda y de la vida que se alarga… Se espera. Se aguarda.

Y no hay miedo.  Sólo espera, cansancio, tedio… Hasta la amargura carece de sabor. Y es que cuando el peso de lo ridículo se te encima, no podemos menos que poner cara de serios y dejar que pase la vida. Que pase y no voltee, que pase y no me vea viéndola, acaso se ruborizaría del cinismo de mi mirada.

No hablemos de Dios, ni de la injusticia del mundo, tampoco de la tragedia de los hombres y de lo “sinsentido” de la vida. Hablemos de infiernos reales, hablemos del tedio que guardan mis palabras; hablemos de cosas importantes, hablemos del tedio de una humanidad que me persigue.

lunes, 16 de marzo de 2009

¡Necio!

Es de necios.

Las palabras fluyen cual veneno por mi boca.

No espero más que hundirte en tu propia irracionalidad, de golpearte hasta que mueras, de arrastrarte por las veredas de las pasiones desatadas que te gobiernan.

Destazarte para que te veas por dentro, para que huelas tus olores más fétidos, para que encuentres tus odios más concretos, quiero alejarte de tu razón empequeñecida y arrojarte a los dragones negros de tus emociones.

Mis palabras te hacen doblarte de dolor, doblarte en el sinsabor de tus razones, de tus mínimas razones; te harás nada escuchando, te asesinarás queriendo no escuchar; lo que eres, lo insoportable que eres, lo pequeño que eres.

Te hablo y me escucho.

No haces más que negarme, no puedes más que negarme para no conocer más de lo que ya conoces, prefieres arrancarte los ojos, pincharte la garganta con clavos, torturarte hasta la necedad antes que escuchar.

Es de necios querer conocer cuando ya no se puede. Es de necios seguir cuando desde dentro la muerte te está poseyendo. Es de necios no morir cuando ya no puedes vivir. ¡¡Es de necios!!

Es una idea.

Una ilusión.

No, no es más que veneno inyectado por palabras. No es más que un sofisma dicho a destiempo. No es más que la conciencia molestando antes de dormir.

¡Es de necios no escuchar!

lunes, 9 de marzo de 2009

¡Líneas Caprichosas!

Ha pasado mucho desde la última cosa escrita en estos lugares.

En cada plática que tengo, en cada conversación comento sobre esto y le atribuyo la culpa a mi felicidad actual, a que nada se mueve de forma intempestuosa en mi alma, que todo parece tranquilo, que nada hay que escribir.

¿Es esto verdad? La cosa parece indicar que es un lindo pretexto. Una pasividad espantosa agobia mi pluma y nada, realmente nada quiere salir de ahí. Le echo la culpa a cosa alguna culpable.

Sin querer pensar mucho en el tema [de nuevo mi desgano] apunto que realmente existe esa falta de motivación, el problema es real, no así los motivos que reparto día a día. Mi mano está pesada, mi mente perezosa, mi voluntad inexistente.

Me niego a pensar, a ahondar en lo que pasa, y es que no estoy aquí ni allá, ni en la tormentosa espera de que alguien llegue ni en la enajenante efusividad de los noviazgos tempranos. Me quedo en medio. Mediocre. Mediano.

Algo tiene que ver la situación actual. No me decido a empezar a trabajar en nada. Ni sirviendo cafés ni escribiendo, como debiera, mi tesis. Paso y me canso en pasar. No quiero cuestionar nada de lo que hay, porque como ya he dicho hace mucho, muchísimo, no me agraden las respuestas.

Y la pereza me estropea la vida. ¿Cómo alguien como yo?  Más sencillo que cerrar los ojos es cerrar la mente. Nada entra y nada sale. Me retuerzo por no interrogarme, por falsear juicios y evadir responsabilidades. Prefiero ideas prestadas y pequeñas que hagan esto más llevadero.

Mucho más llevadero es todo sino escribo. El simple hecho de sacarlo ya me pone a pensar. Pienso en no hacer más preguntas, en manejas las letras para que no aparezca ni una sola de todas las respuestas. Me deshago impidiendo que algo sea resuelto, finiquitado, terminado, esclarecido… Iniciado.

Ahora en silencio escribo. Escuchando  viejas canciones, buscando el espacio que perdí, un espacio que me obligaba a pensarme y busco de nuevo un pretexto, un argumento que sustituya el real… Carajo!! pero siento que todo es tan real, siento que nada he hecho porque algo me falta, porque no tengo espacio, que no hay talento porque no tengo café y cigarro, que no escribo por que hay demasiada luz, sobra ruido o falta soledad.

Pero nada de eso es real, o no es toda la verdad. Tan difícil es no querer verlo, tan difícil es ocultarlo de mi pensamiento. La verdad golpea. Ahora me asesina. Me niego a ser libre.

Ahí está. Salió.

Y pasaré la noche incendiándome por mentiroso o por blasfemo, me hundiré por capricho, me decapitaré por irreverencia a mi persona. Soy esclavo. Y no tengo los ojos cerrados. Y quiero cerrar mi mente pero ya no se puede. La idea apareció. Está conmigo, tengo a la Erinias en mi cabeza castigando mi pequeña conciencia.

Es eso, y la falta de todo, de pequeñas chispas me sirve como verdad total y nada de lo demás es cierto. ¡Soy libre! Cómo todos, porque así nacemos, porque así lo dice la Ley, porque somos iguales ¡Soy libre! y nadie puede hacer lo contrario.  Soy libre para no querer ver. Soy como todos. ¡Como todos!

El gran sofisma.

Y ya no salió nada. La verdad es relativa y la realidad es cosa de cada uno. Así, por un ejercicio de transmutación yo soy el más libre del mundo. Y nada de lo anterior es verdad, porque ¿cómo un ser libre puede autoproclamarse esclavo? No tenemos libertad para eso, somos libres por siempre y ahoguémonos con esa libertad. Con la vergonzosa tiranía de la libertad.

Y proclamarme esclavo no es más que una mentira, mas sin embargo es todo lo que ahora me pone en mi lugar. Eso digo. Soy libre y he decidido no escribir. He decidido no hacer nada, quedarme sin nada, esperando la nada, YO, he decidido morir.

Tengo miedo de ser libre, porque porque puedo llegar a serlo. Y puedo llegar no por las grandes mentiras dichas por la humanidad para la humanidad desde hace siglos, no soy libre porque soy igual, ni soy igual porque soy libre, si llego a ser  libre será porque mi naturaleza lo permite. Porque no nací esclavo. Misma naturaleza que se debate en duelo entre pasiones y razones.

Misma naturaleza tan extraña y rica que me permite ver lo que soy y lo que podré hacer, naturaleza que me permite ver que puedo ser la peor de las  bestias o el mejor de los hombres…

Ya sufriré la decisión. Ahora, por lo pronto, podemos concluir que la pasividad que me gobernaba y gobierna no es más  que parte de una licencia robada por mi razón para evitar enfrentarse y perder. Una trampa, una jugarreta  para dar más tiempo. Para evitar  pensar. Para evitar cualquier signo de crítica.

Pero ya es tiempo de que sirva cafés, o venda ensayos e ideas pequeñas, o enseñe los pasos de una humanidad ciega, pero ya es tiempo de hacer, algo. La libertad o la esclavitud, con una de ellas viviré por siempre. El trabajo sólo hará que esparza el veneno o reparta paliativos.

El tiempo ha pasado y es el momento de hacer; de hacerme el hombre libre y responsable, crítico y propositivo que puedo ser o ser simplemente un hombre entregado a la irresponsabilidad del actuar sin saber.

Puedo ver muchos caminos. Pero cualquiera que elija siempre será con el tormentoso escrutinio de una mente que no nació para quedarse quieta.

martes, 27 de enero de 2009

Io Son

Es ahora que escucho. Ahora entiendo.

Escucho algo en una de mis arias favoritas, en una escena hermosa, veo algo, siento,  “Io son l'amore, io son l'amor, l'amor”.

Grito desesperado en la hora más desesperada de los amantes, de los amorosos de todos los tiempos, de los de Sabines, de los Shakespeare, de los románticos de Alemania,  de todos los que perdidos vagan en el oscuro y solitario camino de los amantes.

Porque no hay más desesperados que los amantes, Dido seducida sufre como una Diotima incendiada, un frágil Goldmund se hunde como jovial Romeo, Sabina sufriendo a Franz, todos ellos maldecidos por los “hombres” tranquilos, todos ellos hermosos escucharon la poderosa y fúnebre voz del amor… “Io son… l’amor… Io son l’nulla”

Un grito desesperado que lo encierra todo, que lo tiene todo. Pues en en “Io son…” está toda la vida y toda la muerte de Maddalena. Toda la vida y toda la muerte, lo que fue y lo que ya no será, el fuego de Diotima y su nacimiento, el Romeo infante y el Romero que ya no será viejo… Todo se encierra, todo termina y comienza con ese grito firme y fulminante, la muerte se vuelve hermosa porque lo eterno y etéreo comienza con ella.

Así es menester morir. Así deben morir.

Y viene ese grito desgarrador de nuevo. Escucho una y otra vez los gritos de Maddalena en mis oídos, los tengo en la piel y en los ojos… Grita… Y tengo al amor hablándole palabras de despedida  y ella misma se despide y lo goza y lo sufre, lo vive, ella vive su muerte…“Io son…”

 

 

 

¿Por qué suenan ahora?

¿Por qué ahora? No sé la respuesta y quizá no quiera saberla ahora, no es preciso saberlo ahora. En estos momentos quisiera desvanecerme en la boca de La Divina y olvidarme.