domingo, 5 de julio de 2009

… en la madrugada de mis días…

 

I

Viejas ideas rondan mi cabeza, como demonios que me persiguen y me torturan, que me niegan el sueño y las ilusiones. Grotescas ideas de las que creí haberme desecho hace mucho.

Pedestres pensamientos que nada hacen sino hundirme, me hundo y no es bajo el peso de mi propia grandeza sino bajo el insoportable y lastimoso peso de mi mediocridad.

Ingenuo me presento ante los embates de la ignominia, decir que nada de ella tengo es negar la realidad, la vergüenza me consume, los sinsabores de la verdad son paliativos en la hora deshonrosa.

viernes, 3 de julio de 2009

 

Tengo el dolor de todos los años,

de siempre,

el dolor de los primeros amores rondando mi cabeza,

martillando mi vulnerable corazón…

tengo los azotes de la niñez revividos en mi espalda y la sangre de la juventud hirviendo por mis venas;

tengo la vida y no sé que hacer con ella…

tengo los recuerdos de mi futuro y éstos se vuelven papel sin forma al intentar darles sentido…

tengo el presente y le escupo en la cara como él me escupe a mi…

ya no hay más que decir…

tengo la añoranza de lo nunca sucedido y no puedo estar más que jodido.

El hueco dentro de mi me absorbe.

Moriré esta noche.

jueves, 2 de julio de 2009

…nada de ella sea conmigo…

Así siento hoy la decepción de la existencia, la insensatez de mi camino trazado por mis manos ciegas, por mis ideas mediocres por mi humanidad insoportablemente humana.

Así viajo a tiempo atrás pensando en lo que pudo ser y no será,  en las líneas no leídas, en los caminos no caminados y lamento mi suerte y mi destino. Malditas mis manos que trabajaron infames sobre esta vida que no me complace.

Así los veo a todos iniciar su muerte, continuar muriendo o empezando el suicidio, pero nadie hay que nada sepa, todos saben que harán mañana, se avientan al abismo esperando lo distinto, y yo que me quedo en letanías del cansancio de antaño, continuo en la nada y no decido aún mi muerte.

Así veo mis pasos cansados  en mi vida, crueles recuerdos de la verdad que ahora me extermina, ríspida verdad que aún no termina.

Así me destierro de mis memorias aún muy vivas, les encierro en un cofre lejano de mi vista, que se guarden mis sueños mas queridos que la muerte vive  en mis argumentos aún tenidos.

Así carezco siquiera de destellos, negada tengo la grandeza de mis tiempos, hundido en la negrura estoy con mis esfuerzos, mi beldad troca en descontentos.

Así carezco de la gran epifanía, del grandioso llamado del destino, me encierro en mi casa tan impía, y nada le pido en llanto al muy Divino, sino que terminé pronto mi martirio y acabar sin nada ya sufrido.

Así me entiendo persona sin destino, sin ganas de ser el más querido, prefiero ser el pérfido en vilo que ser de todos el más indigno, que la ignominia me tome ya perdido y que nada de ella sea conmigo.

lunes, 22 de junio de 2009

A propósito de lo dicho antes…

— Eres un necio al pensar que me podrías tener…

— Necio eres si piensas que no te tuve…

No pocos me comentaban que mi idea de que la mentira es cambio peca mucho de ingenua, y que de hecho, podría ser una falacia. Unos más radicales fueron tajantes y señalaron diciendo “mientes”.

¿Acaso la mentira no es una idea que intenta cambiar la realidad, que intenta modificar lo que existe? Y no en términos reales sino modificar, y es ahí donde viene lo importante de la mentira,  la apariencia de la realidad. Es entonces que la mentira no es otra cosa que una pretensión del sujeto que miente para que la realidad que perciba su interlocutor sea cambiada o modificada; para que la realidad sea otra, mute, cambie, por lo menos en apariencia.

La mentira y su relación con el devenir de las cosas, se refiere y lo he comentado en la entrada anterior, a un intento del hombre por modificar la apariencia de la realidad, de una realidad que por cambiante no queremos. Negamos a la realidad al mentirnos. Nietzsche decía respecto que la mentira más común es con la cual nos tratamos de engañar a nosotros mismos, si esto es verdad y nos mentimos con tanta soltura, quiere decir que la realidad o ya ni eso, que la imagen que de la realidad tenemos no es de nuestro agrado y tratamos de modificarla con otra “ilusión” más acorde a nuestros insanos gustos.

Y la realidad  se pierde entre mentiras y más mentiras. Imposible de soportar el cambio y siquiera de notar la realidad como realmente es, optamos por modificar nuestra pequeña visión de la vida y nos mentimos más. Negamos dos veces la realidad. Una quizá sin mala intención, la otra con la plena intención de modificar la “apariencia” de lo que existe.

La mentira, como quise expresarlo no se refiere y encierra sola y necesariamente en el devenir del tiempo, sino incluyéndolo y abarcando los “cambios” o “devenires” de nuestras percepciones, contextos, ilusiones y sentimientos, es decir, abarcando el “devenir” de todo lo humano en el humano.

Si pensamos en los “devenires” humanos no es más que sensato pensar que nuestro intento de modificar nuestra percepción de la realidad, tanto de como nos vemos nosotros mismos y como vemos a  la  realidad sino también como los otros nos ven y ven a la realidad, no es otra cosa que mentirnos y mentirle a los otros.

La mentira la usamos para cegar. Pero si somos ciegos, ¿dónde queda la mentira?

La mentira y el “cambio” o "devenir” del espíritu humano nos obliga a pensar en hacia dónde vamos como conciencia universal, nos obliga a cuestionar el camino que estamos trazando y nos obliga a abrir los ojos y ver y regocijarnos con la verdad.

Habrá que ver.

martes, 2 de junio de 2009

Yo Solo. Sólo te mentiré hoy…

…pero me dijiste que todo era verdad.

Mentí.

Y todo se vuelve mentira. El amor prometido en viejas palabras se desvanece con el olvido, la juventud de los hombres desaparece en su memoria, la vida troca en muerte, todo,  la mentira constante, de cada día, eterna.

Pues lo que ayer fue verdad ahora es mentira. Y lo que hoy es una falacia mañana te golpea como verdad, el tiempo no pasa en vano y el cambio no es otra cosa que un pariente cercano de la mentira, ¡peor! El cambio es mentira.

A saber de lo dicho, la mentira es cambio, pues palabras dichas ayer ahora ya mudas ceden a nuevas verdades, que no las primeras y que no necesariamente parecidas; la mentira  o el cambio niegan conocimiento, niegan compromisos, niegan amores y odios… El tiempo es padre del cambio. La razón humana es madre de las mentiras.

Padres desventurados. Eternos y crueles. La razón se ayuda de la memoria, y aquello que recordamos de ayer nos hace negar lo que ahora es… Sino recordáramos no habría mentiras, pues todo lo visto sería nuevo y hermoso, verídico y real, nada de ilusiones anteriores, nada de prejuicios y conocimientos anteriores. La juventud sería eterna.

La mentira es devenir. Ayer no fui lo que soy ahora y decir que yo fui ayer sería mentir, ayer fui otro y mañana seré otro, nunca más el mismo, siempre distinto, Mi cuerpo quizá parecido pero no el mismo. Mi razón me hace mentir. No he sido yo siempre, he sido otros, ha sido otro, y yo no moriré morirá otro… Moriré esta noche, y ¡Oh, maldita memoria! Recordaré que fui otro, quizá mejor, y que ya nunca seré ese que ya no es.

La mentira no es sino una idea, un juicio que le hacemos al devenir del universo, es nuestra negación al cambio. El cambio no es mentira, es constante, terrible…La mentira es sólo nuestra miserable mano queriendo rasguñar  lo eterno.