miércoles, 7 de julio de 2010

La noche lo permite.

Dedos cansados que no saben que escribir, ideas remotas que se niegan a venir.

La noche lo permite, la añoranza está en los cielos, la tristeza en la tierra y la amargura en la lluvia. Sobra que no estés, sobra tu ausencia, me sobran las lagrimas que caen de mis ojos. Esta noche es el exceso de las sobras. De todas las sobras.

La noche lo permite. En tanta soledad, en tanta necesidad de no estar solo, con tanta humanidad infausta es que mis carencias más terribles se vuelven los titanes de mi desgracia.

Y volteo a los cielos esperando ver en sus nubes oscuras un reflejo, un suspiro de imagen que me muestre esa vida, esos tiempos que nunca fueron, que no son y nunca serán. Desgraciado me lleno el rostro con esa tristeza convertida en agua. El cielo se desangra en mi tristeza.

Líneas amargas, tristes, insanas… pero ciertas y contundentes. Nada hay en mi horizonte que no sea esa amargura en la lluvia, no hay nada bajo mis ojos que no sea esa tristeza en la tierra y no hay nada arriba de mi cabeza que no sea añoranza en mi cielo.

jueves, 1 de julio de 2010

Hagamos algo.

No lo esperaba, por más que lo había dicho infinidad de veces, debo confesar que no lo esperaba. Siempre creí llegaría el momento. No ahora.

Pero ya era tiempo que las cosas pasaran, que cada uno a su tiempo y en su espacio avanzase hacia lo que sea vaya a ser el tiempo que les quede. Una gracia o una desgracia pero con con el aire de independencia, cruenta independencia que da la soledad.

Hombres en pedazos, independientes, libres… Muertos de miedo.

Los tiempos se cierran, las horas pasan y no nos esperan, los cuerpos continúan su inexorable descomposición, el cáncer se extiende, la muerte no huye. Es tiempo de hacer, de ser.

Que todos los demonios no nos dejen tan fácil, que todas nuestras debilidades sean abatidas, derrotadas; seremos hombres por fin, al final seremos hombres.

Así nos enfrentaremos a los destinos, con la desgracia en nuestros ojos, sin fuerza mayor en nuestras manos, ruinas de hombres pero con firme necesidad de vivir, porque ya es tiempo, porque no hay otra cosa que hacer…

Sin nada que perder, porque no hay nada que ganar ahora, habrá que luchar por tener futuro, porque alguien tenga futuro, quizá no tu, quizá no yo, pero alguien lo tendrá sobre nosotros. Es tiempo.

Derrumbados tendremos que construir, muertos habremos de vivir… Ya es tiempo… Hagamos algo.

Ya es tiempo. No muramos dejando esto así.

lunes, 21 de junio de 2010

Recuerdo.

Ese día ya no lo recuerdo bien.

Recuerdo la carretera, los coches rebasándonos, nosotros rebasando, imágenes borrosas a los lados. Recuerde el lugar, y su rostro. Recuerdo sus preguntas. Recuerdo mi ida y mi regreso a ese cubo con pared de cristal. Olvido su nombre.

E imagino mis respuestas. Imagino mi andar y mi regreso, imagino los rostros de todos los presentes.

Recuerdo un sobre, recuerdo sus ojos.

Recuerdo una sentencia y recuerdo la condena. ¡Maldita sea! ¡Está jodido!

De pronto todo era negro, inmenso y tan tranquilo. Me vi solo y el tiempo se alargaba y se volvía tan corto. Me volví uno en ese momento y fui el niño de 5 años y fui el de 11. La angustia de todos mis años se reflejaron en mis ojos. Recuerdo sus ojos. Recuerdo su falsa comprensión, y sus ya tantas veces escuchadas palabras.

Y todo se vuelve difuso.

De pronto perdí a todos, y me perdí de todos, de pronto ya no estaba ahí… Recuerdo la soledad de ese día y recuerdo la muerte de todos los futuros. Recuerdo mi mejor cara y mis mejores deseos. No olvido esas mentiras.

Salí, salimos caminando por ese largo pasillo verde. Me temblaba el alma pero el cuerpo moribundo aparentaba falsa fortaleza. Está hecho, pensé. Creo dije algo pero no estoy seguro. No recuerdo. Ahora mismo quiero salir corriendo y salir de mi vida, alejarme de mis ojos y de mi muerte. No recuerdo que hice.

Ya no recuerdo bien ese día, pero no lo he olvidado. La angustia la tengo como alfileres en el alma, en el pecho. Tengo ese día guardado, y siempre sale por las noches. Es el día eterno, el día de todas las noches.

Olvido ciertas cosas, pero esa terrible humanidad de ser, es imposible sacarla de mi mente.

Ese día ya no lo recuerdo bien. Pero lo que recuerdo me hace insoportable la vida.

miércoles, 14 de abril de 2010

No fue tal...

Un tonto sueño. Una tonta imagen. Un tonto pensamiento.

Y las puertas de la nada fueron las que se abrieron. De la nada, del olvido, del silencio… Del tiempo y del espacio… De la distancia y la cercanía… Fueron ellas, esas infaustas puertas las que se abrieron. No fue más que eso. Ni un sueño, ni una imagen, son esas puertas que se abren…

Fue mi culpa, de nadie más. Ese qué se aleja nada hizo… Nada nos debe.

Los Romeos amorosos murieron antes de sus diálogos, aplastados desaparecieron sin aparecer… Flores lanzadas con esperanza que terminaron siendo espinas coronando mi realidad… Grande es el castigo…¡Grandioso el sufrimiento de los que se endilgan la culpa de los que aman!

Las palabras se dicen con facilidad, no es su culpa, es la humanidad que lo posee.

¿Cómo pensamos eso? Ese Destino pedestre del cual es presa no es su salvación, su humanidad no lo protege, lo descuartiza… Es su muerte y su condena, esas puertas se abrieron con su gracia, lo que ahora nos aplasta es su desgracia… La palabra que pesa, la que ahora nos sofoca.

Otros amores rodeaba, otras situaciones le obligaban… nada le sujetaba aquí, no fuimos suficientes.

Quimeras son las que gobiernan. Pasados que te arrastran, futuros que te hunden, y nada es suficiente para los siempre sedientos… para los siempre hambrientos. Y que los mundos que se encuentre sean tenebrosos y oscuros, que no haya luz que atraviese su miedo. Que así sea…

No condenemos al que nada puede hacer con su condena, fue  sólo un traspié, una mala pasada de su conciencia.

¿Qué dices? La condena no somos nosotros los que la damos, los que la ejecutamos, es su vida, su destino, su cabeza, su razón, su corazón, todo lo que tiene dentro es su condena, su suplicio y su cruz, su final. No somos nosotros su final, no fuimos nada.

Algo se puede hacer aún. Esperar. Quizá comprender y justificar. Pidamos tiempo al destino, esperanza a la vida.

¿Qué vida? ¿Qué tiempo? ¡¡No hay tal!! El pesado andar de nuestra vida no sigue más allá de este medio día, no habrá mañana ni noche en nuestros días ¿Que hacer? Nada. Entender y comprender son recursos de los moribundos, los tenemos, justificar es vanidad, cosa de los vivos.

¿Nos iremos sin él?

Ya nos hemos ido, nunca fuimos, nunca estuvimos, nunca lo tuvimos. Nos alejaremos de esas puertas de la nada, para no olvidar lo que fue… un sueño que no fue, un pensamiento que no fue, un amor que no fue…

Ahora entiendo. Nunca fui tal.

jueves, 1 de abril de 2010

Un día…

Un día, dos días, tres días.

Esa nube no se va, ese pensamiento nunca huye. Ideas agonizantes salen de mis labios, nefastos augurios se leen en mis manos y mi llanto callado lamenta el pasado.

Ahora quiero que mis pasos dados se borren, que pare el tiempo, que nada suceda y que todo comience ahora, en este segundo, ya…que nada haya en mi cabeza, [sólo tu recuerdo] nada en mi cuerpo, nada en mi alma… Qué inicie contigo. Sin el peso del destino a mis espaldas.

Un día, dos días, tres días… Que hoy comience mi vida… Hoy seré nuevo… Sólo Señor dame otro día, o dos días, o tres días…